11/05 La cuarentena no es un periódico de ayer

Por las calles más vacías que de costumbre, el viento hace rodar una página de periódico donde se lee que la cuarentena va hasta el 11 de mayo. Es vieja. Antes de esa noticia, la cuarentena terminaba el 27 de abril. Me acuerdo porque ese día cumple años mi hermana. Pero poco antes del 27, el gobierno nacional de la república de Colombia anunció que la extendería. 
Confieso que me alegré. Como la mayor parte de intelectuales, académicos y personas sanas que conozco. Nos alegramos porque al percibir la expansión de la pandemia por el globo, advertimos la necesidad de tomar medidas y actuar rápidamente. El aislamiento desde el 18 de marzo, dos semanas después de la aparición del primer caso en Colombia, indicaba que estaba siendo efectivo, aunque no tanto como debería porque el gobierno no estaba agilizando unas mínimas garantías para que los trabajadores pudieran quedarse en casa y subsistir. 
A las dos semanas empezaron las revueltas de hambre, y los trapos rojos en las ventanas, izados en las casas de las personas más pobres como señal de que ya no había comida. Había que extender la cuarentena, por lo menos hasta mayo, y garantizar que la gente tuviera comida. El inoperante estado colombiano fue más qué negligente, como era de esperarse. Qué decepción al enterarme de que la primera alcaldesa lesbiana de Bogotá, Claudia López, mandó a que el ESMAD disolviera las protestas de obreros, gente que trabaja en la construcción, y que no aguantaba el hambre. El hambre del obrero es la de su esposa, o sus esposas, y la de sus hijos. En barrios pobres del sur, de Suba, de Kennedy, donde hay reportados varios casos de contagios.
En el ambiente no solo se olía el temor por el virus, sino también por las primeras señales violentas del estallido social por colapso económico que la cuarentena, sin las garantías mínimas, cocinaba en sus entrañas de tiempo y silencio. El ambiente estaba tenso, y por entonces mis amigos y yo nos empeñábamos más por olfatear señales, indicios en las noticias de la magnitud de lo que estaba sucediendo. ¿Cómo iba a responder el gobierno? Desde la alcaldía de Bogotá, gas y teaser, junto con un discurso de que la salud de la gente es primero y que es necesario mantener el aislamiento. Por entonces, el gobierno ya estaba dando muestras de querer levantar la cuarentena, por amenaza de los empresarios.
Se desplomó la economía, como nunca en la historia reciente. El precio del petróleo se vino abajo. Recuerdo un titular de escándalo cuando un responsable de finanzas del gobierno alemán se suicidó, aparentemente preocupado por las consecuencias de la pandemia en los mercados... Lo recuerdo porque publicaron la noticia el día de mi cumpleaños.
El gobierno de Colombia, fiel al robo y a la vulneración de derechos humanos, prefirió desmontar poco a poco las medidas de prevención. Primero, se inventó que la curva de contagios se había aplanado, pero el engaño fue tan obvio, casi ridículo, que difícilmente alguien lo creería. Por favor, es necesario seguir ensayando la cuarentena por un poco más de tiempo, ni siquiera tenemos cifras confiables, era lo que decían los expertos. Los casos empezaron a aumentar, también las estrategias del rebusque en las calles. Hay una película de Rubén Mendoza que se llama La sociedad del semáforo, y que muestra cómo la calle es un epicentro de la economía de millones de caracteres y personas en este país. La cosa va mucho más allá de quienes piden en el semáforo, están las chazas, las ventas ambulantes, los vendedores de tinto y aromáticas que cargan sus termos en los parques y plazas, las mujeres que venden alimentos como arepas asadas, fritangas, manga y chontaduro, las prostituidas, tanta gente que vive de la informalidad y que en tiempos de cuarentena, sin asistencia estatal, quedó a merced de la desigual sociedad colombiana, es decir en el odio, la inopia y la pobreza.

Hoy 11 de mayo, abrieron varios sectores productivos de la economía. Empezaron por el sector de la construcción, que de hecho abrió hace una semana. Hoy abren tiendas, ferreterías, todo lo relacionado con carros, motos y bicicletas. 
Al tiempo que el presidente ordena que el pueblo sea productivo y salga a trabajar, exponiéndose al virus, dice que el confinamiento se prolonga hasta el 25 de mayo. Quienes puedan permanecer aislados, que lo hagan. Desde una visión epidemiológica, los contagios sólo van a ir en aumento si hay más gente en las calles, o moviéndose de un lugar a otro.

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