Las palabras y las cosas: mudarse en pandemia
Si quedara a la deriva en un naufragio, en una simple balsa, soportando una enorme tormenta en el mar, cerraría mis ojos, agarraría fuerte mi pecho y respiraría mientras les digo a mis dioses que aún no es el fin del Tiempo: "tengo una cama, y mi cama de la infancia, tengo una cómoda, libros, mi biblioteca". Y quizá repetiría en un murmullo cual letanía: "cama, cómoda, libros, biblioteca, adornos, un gato, mis cuadros"... y así hasta pasar la tormenta y ver brillar la luz del sol. Sonrío. Hace meses no me trasteaba. Nunca hice un trasteo en una pandemia. En medio de epidemias sí, quizá todas mis mudanzas anteriores fueron en medio de la gran pandemia de estupidez. De eso no hay duda. Esta vez encontré cajas en un estanco que frecuento desde marzo, cuando todo esto empezó. A veces, rara vez cuando salgo, paso por ahí y compro cervezas con G., ahí también recargo el encendedor. En ese estanco no venden peche y lo atiende un man guapo, pero de esos que tienen cara de c...