10/05 Domingo - El diario de la escafandra
Estoy acostumbrada a escribir en cuadernos, usualmente de papel marrón y sin patrón de líneas. Ese papel se llama propalcote "natural", porque no pasa por proceso de blanqueo como el papel bond, el que uso para la impresora.
Manipulo papel, todo el día, todos los días. En consecuencia, mis huellas dactilares tienden a desaparecer.
Algo curioso de los diarios escritos en cuadernos es que no exigen un título. Uno simplemente se arroja a escribir, si mucho bajo fechas. Pero para escribir en un blog, me exigen un título. No solo de cada entrada, sino del blog. El cuaderno no sugería tal tarea, y a mí tampoco se me ocurrió titular un diario. "Diarios", si mucho. Pero qué simpleza para un blog...
Entonces vino a mi cabeza la imagen de una escafandra. No es casual. Escribo en medio del confinamiento por el virus del SARS-CoV-2, que ocasiona una rara enfermedad conocida como la Covid-19 y que migró desde China hasta varios países del mundo entero. Colombia, el país donde me agarró este acontecimiento, no quedó exento de este mal (y parece que de ningún otro) y desde marzo estamos en un proceso de entendimiento y prevención para evitar que el virus se propague y sea un desastre. Los esfuerzos han sido mínimos. El gobierno no supo desplegar en medio de su estado de excepción unas garantías mínimas para que la ciudadanía se aislase. El aislamiento ha sido la medida demostrada más eficaz para contener el contagio de un virus que no se sabe bien cómo se comporta, y para mitigar los casos de una enfermedad que aún no tiene tratamiento ni cura. Muchas personas han muerto. Se sabe que es más letal en personas mayores de 60 años y en quienes tienen alguna enfermedad crónica como antecedente. Ancianos, obesos, diabéticos, hipertensos, todos ellos son la población de mayor riesgo en este momento.
En China, los primeros casos se registraron a finales del año pasado, 2019. Y sin embargo, el mundo occidental no pudo prever que en el 2020 sería su turno de lidiar con tamaño problema. En un mundo hiperglobalizado, un virus se convierte en una amenaza geopolítica. Macron, el presidente de Francia, por allá a finales de febrero o comienzos de marzo declaraba "Estamos en guerra". Y de hecho sí, comenzó una guerra por el acaparamiento de insumos médicos necesarios para hacerle frente a una crisis que golpearía los sistemas sanitarios de países del "primer mundo" como España, Francia e Italia. ¿Qué esperar entonces de su llegada a América Latina? ¿y particularmente a un país como Colombia?
En exactos 8 días se cumplirán dos meses de cuarentena. El gobierno le llama "aislamiento preventivo" en lo que, a mi parecer, es un intento tonto de aplicar un mal eufemismo para disfrazar que no pudo mantener una cuarentena y que por eso los casos de muertes y contagios van en aumento en el país.
Por mi parte, sigo intentando ser un poco más inteligente que el promedio nacional y no relajarme con los cuidados que se deben tomar para evitar el contagio y la enfermedad.
Los dos meses de encierro, de aislamiento social y de confinamiento en un pequeño apartamento de una unidad residencial han transformado mi relación con el mundo, con la vida, conmigo misma y con quienes me rodean. Y de esa transformación tendrá que salir algo nuevo, como de la escafandra sale la mariposa, o salen los exploradores del espacio y del fondo del océano.
Manipulo papel, todo el día, todos los días. En consecuencia, mis huellas dactilares tienden a desaparecer.
Algo curioso de los diarios escritos en cuadernos es que no exigen un título. Uno simplemente se arroja a escribir, si mucho bajo fechas. Pero para escribir en un blog, me exigen un título. No solo de cada entrada, sino del blog. El cuaderno no sugería tal tarea, y a mí tampoco se me ocurrió titular un diario. "Diarios", si mucho. Pero qué simpleza para un blog...
Entonces vino a mi cabeza la imagen de una escafandra. No es casual. Escribo en medio del confinamiento por el virus del SARS-CoV-2, que ocasiona una rara enfermedad conocida como la Covid-19 y que migró desde China hasta varios países del mundo entero. Colombia, el país donde me agarró este acontecimiento, no quedó exento de este mal (y parece que de ningún otro) y desde marzo estamos en un proceso de entendimiento y prevención para evitar que el virus se propague y sea un desastre. Los esfuerzos han sido mínimos. El gobierno no supo desplegar en medio de su estado de excepción unas garantías mínimas para que la ciudadanía se aislase. El aislamiento ha sido la medida demostrada más eficaz para contener el contagio de un virus que no se sabe bien cómo se comporta, y para mitigar los casos de una enfermedad que aún no tiene tratamiento ni cura. Muchas personas han muerto. Se sabe que es más letal en personas mayores de 60 años y en quienes tienen alguna enfermedad crónica como antecedente. Ancianos, obesos, diabéticos, hipertensos, todos ellos son la población de mayor riesgo en este momento.
En China, los primeros casos se registraron a finales del año pasado, 2019. Y sin embargo, el mundo occidental no pudo prever que en el 2020 sería su turno de lidiar con tamaño problema. En un mundo hiperglobalizado, un virus se convierte en una amenaza geopolítica. Macron, el presidente de Francia, por allá a finales de febrero o comienzos de marzo declaraba "Estamos en guerra". Y de hecho sí, comenzó una guerra por el acaparamiento de insumos médicos necesarios para hacerle frente a una crisis que golpearía los sistemas sanitarios de países del "primer mundo" como España, Francia e Italia. ¿Qué esperar entonces de su llegada a América Latina? ¿y particularmente a un país como Colombia?
En exactos 8 días se cumplirán dos meses de cuarentena. El gobierno le llama "aislamiento preventivo" en lo que, a mi parecer, es un intento tonto de aplicar un mal eufemismo para disfrazar que no pudo mantener una cuarentena y que por eso los casos de muertes y contagios van en aumento en el país.
Por mi parte, sigo intentando ser un poco más inteligente que el promedio nacional y no relajarme con los cuidados que se deben tomar para evitar el contagio y la enfermedad.
Los dos meses de encierro, de aislamiento social y de confinamiento en un pequeño apartamento de una unidad residencial han transformado mi relación con el mundo, con la vida, conmigo misma y con quienes me rodean. Y de esa transformación tendrá que salir algo nuevo, como de la escafandra sale la mariposa, o salen los exploradores del espacio y del fondo del océano.
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